Jorge Eduardo Navarrete La jornada 4 de marzo de 2010
Pergaminos y papel mojado
Al anunciarse la decisión de establecer, en algún momento indeterminado de los dos años por venir, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños –un nuevo organismo en busca de un acrónimo pronunciable– fue inevitable recordar una bien cimentada tradición de las naciones hispanohablantes que la constituyen: cuando sus gobiernos enfrentan, en lo nacional o en lo externo, una situación que no saben bien cómo manejar, por lo general acuden al canal institucional: en lo interno, transforman la Secretaría de Asuntos Generales en el Ministerio General de Asuntos; en lo internacional, reforman el estatuto, modifican la membresía y suman o restan funciones a un órgano multilateral prexistente o, en el extremo, fundan otro. En ninguno de los casos se agrega nada sustantivo, más allá de la volátil materia que brinda soporte a discursos y declaraciones.