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miércoles, 10 de febrero de 2010
Anatomía de la memoria
Arnoldo Kraus La jornada 9 de Febrero de 2010
Anatomía de la memoria
Por ahora la memoria carece de anatomía. La expresión “por ahora” tiene fecha de caducidad: es muy probable que en el futuro los científicos describan con exactitud los circuitos celulares, subcelulares y bioquímicos de la memoria. Sin duda, se desmenuzarán las características de las personas dotadas de buena memoria y los entresijos de quienes no cuentan con esa cualidad. Es probable que cuando eso suceda el destino de la humanidad será distinto. No habrá cómo escudarse en el reino del olvido. No será tampoco factible esconder el rostro detrás de esa máscara tan detestable con la que cubren sus rostros algunos sátrapas muertos y no pocos de sus colegas vivos bajo el execrable argumento: “no sabíamos”.
lunes, 8 de febrero de 2010
¡Error! Marcador no definido. El 5 de febrero
Antonio Gershenson La jornada 7 de Febrero de 2010
¡Error! Marcador no definido. El 5 de febrero
Ahora, supuestamente y según reformas legales de la derecha panista y priísta, ya el día festivo se trasladó al primer lunes anterior a la fecha original. En esta caso, fue el lunes primero de febrero. Pero la fecha real sigue siendo el 5 de febrero, y por partida doble: la Constitución de 1857, y la de 1917, ambas con esta fecha.
domingo, 17 de enero de 2010
Compilan reflexiones de ideólogos sobre experiencias de poder popular en AL
Los movimientos sociales del siglo XXI, de Ricardo Martínez
Compilan reflexiones de ideólogos sobre experiencias de poder popular en AL
CARLOS PAUL La jornada 17 de Enero de 2010
Los movimientos sociales del siglo XXI. Diálogos sobre el poder “hace un llamado a la acción social y a la construcción del poder popular”, al registrar la historia reciente de los movimientos sociales autónomos, no sólo de México, sino también de Bolivia, Venezuela, Brasil y Ecuador, entre otros.
Así definieron la compilación los especialistas y activistas sociales Trino Alcides, Jacobo Silva, Héctor Mora, Antonio Martínez y la periodista Blanche Petrich, en el Club de Periodistas.
El libro reúne ensayos de activistas sociales y pensadores como Enrique Dussel, Noam Chomsky, Fernando Matamoros, Hugo Molina, Emile Joly, Guillermo Almeyra, Héctor Mora, Sergio Tischler y Ricardo Martínez, entre otros; fue puesto en circulación por la editorial El perro y la rana, del Ministerio del Poder Popular para la Cultura de Venezuela.
Distinguido con el Premio Municipal al Pensamiento Político Gustavo Machado 2009, el libro, consideró Jacobo Silva, “va más allá de la teorización acerca del ejercicio del poder del Estado en este siglo XXI, contribuye a pensar de forma nueva. Reflexiona en torno a diversos conceptos, como el de la transmodernidad, del cual se deduce que si no se transgrede ese edificio denominado modernidad, se van a repetir experiencias –como la soviética–, que hoy se sabe, han fracasado”.
Silva, quien ha sido perseguido, detenido, desaparecido y torturado, por su activismo social, consideró que los ensayos reunidos “hablan de experiencias prácticas, no de teorías de gabinete”.
Destacó algunas experiencias de movimientos sociales autónomos que forman parte del volumen, como el de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y el de la Policía Comunitaria, de Guerrero, “importante ésta, porque le ha ido quitando espacios de poder al Estado”.
Vías novedosas
Asimismo se refirió a las experiencias alternativas de toma de poder por medio del voto, es decir, mediante “un movimiento de movimientos”, concepto también que se maneja en el libro y que –puntualizó Silva– “se debe estudiar, pues nos habla de vías diferentes a las tradicionalmente pensadas para construir el poder popular, y desde ahí fortalecer los movimientos sociales que generarán el cambio”.
El libro “es un esfuerzo por poner al alcance la historia reciente de los movimientos sociales autónomos”, historia que, según Silva, “debemos vivir, porque este libro es una invitación a que hagamos algo, es un llamado a la acción, al combate. Habrá que leerlo también con esa visión, ya que los autores comprometidos extraen de la práctica lo que de teoría puede haber en ella.
“Este libro indica caminos de que –en este principio de siglo, que parece tan negro– sí es posible pelear, es posible cambiar. Aquí no se habla de promesas respecto de que las cosas van a cambiar en el futuro, sino de la práctica misma de lo que se puede lograr respecto de la autonomía y la autogestión. Todo luchador social, concluyó Silva, debería leerlo, porque cada quien encontrará algo que le servirá para su lucha.”
En su participación, la periodista Blanche Petrich destacó que la lectura del libro y la revisión del panorama latinoamericano resulta muy esperanzadora, saludable y alentadora, “sobre todo por la forma en que permite a los mexicanos identificar escenarios cercanos”.
Sin embargo, señaló Petrich, que si bien son experiencias aleccionadoras, como el movimiento de resistencia contra el gobierno de Oaxaca, “para mí también resultan dolorosas”.
“Hablar de las experiencias de San Salvador Atenco, cuyos tres de sus dirigentes se encuentran hoy día en cárceles de máxima seguridad, o de la APPO y las barricadas, desde luego resultan aleccionadoras, pero al final de cuentas dolorosas por el resultado, por el alto número de asesinatos contra el pueblo que no se investigan.”
De igual manera, Petrich recordó el caso, “que no me invita al optimismo”, del fraude electoral de 2006. “Han sido aportaciones importantes, experiencias de lucha muy grande, sin embargo, en 2010, transcurridos tres años de las concentraciones históricas en el Zócalo y del megaplantón en Reforma, son para mí signo de desaliento”; sin embargo, aclaró, “digo de desaliento y no derrota. Digo desaliento, porque son movimientos que pese a las enormes dificultades están vivos, ejemplo de ello son los movimientos de resistencia en Oaxaca y Chiapas”.
Los trabajos de Los movimientos sociales del siglo XXI. Diálogos sobre el poder, fueron compilados por Ricardo Martínez, quien adelantó que se está preparando el volumen Los movimientos sociales del siglo XXI. Diálogos sobre la militancia.
Compilan reflexiones de ideólogos sobre experiencias de poder popular en AL
CARLOS PAUL La jornada 17 de Enero de 2010
Los movimientos sociales del siglo XXI. Diálogos sobre el poder “hace un llamado a la acción social y a la construcción del poder popular”, al registrar la historia reciente de los movimientos sociales autónomos, no sólo de México, sino también de Bolivia, Venezuela, Brasil y Ecuador, entre otros.
Así definieron la compilación los especialistas y activistas sociales Trino Alcides, Jacobo Silva, Héctor Mora, Antonio Martínez y la periodista Blanche Petrich, en el Club de Periodistas.
El libro reúne ensayos de activistas sociales y pensadores como Enrique Dussel, Noam Chomsky, Fernando Matamoros, Hugo Molina, Emile Joly, Guillermo Almeyra, Héctor Mora, Sergio Tischler y Ricardo Martínez, entre otros; fue puesto en circulación por la editorial El perro y la rana, del Ministerio del Poder Popular para la Cultura de Venezuela.
Distinguido con el Premio Municipal al Pensamiento Político Gustavo Machado 2009, el libro, consideró Jacobo Silva, “va más allá de la teorización acerca del ejercicio del poder del Estado en este siglo XXI, contribuye a pensar de forma nueva. Reflexiona en torno a diversos conceptos, como el de la transmodernidad, del cual se deduce que si no se transgrede ese edificio denominado modernidad, se van a repetir experiencias –como la soviética–, que hoy se sabe, han fracasado”.
Silva, quien ha sido perseguido, detenido, desaparecido y torturado, por su activismo social, consideró que los ensayos reunidos “hablan de experiencias prácticas, no de teorías de gabinete”.
Destacó algunas experiencias de movimientos sociales autónomos que forman parte del volumen, como el de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y el de la Policía Comunitaria, de Guerrero, “importante ésta, porque le ha ido quitando espacios de poder al Estado”.
Vías novedosas
Asimismo se refirió a las experiencias alternativas de toma de poder por medio del voto, es decir, mediante “un movimiento de movimientos”, concepto también que se maneja en el libro y que –puntualizó Silva– “se debe estudiar, pues nos habla de vías diferentes a las tradicionalmente pensadas para construir el poder popular, y desde ahí fortalecer los movimientos sociales que generarán el cambio”.
El libro “es un esfuerzo por poner al alcance la historia reciente de los movimientos sociales autónomos”, historia que, según Silva, “debemos vivir, porque este libro es una invitación a que hagamos algo, es un llamado a la acción, al combate. Habrá que leerlo también con esa visión, ya que los autores comprometidos extraen de la práctica lo que de teoría puede haber en ella.
“Este libro indica caminos de que –en este principio de siglo, que parece tan negro– sí es posible pelear, es posible cambiar. Aquí no se habla de promesas respecto de que las cosas van a cambiar en el futuro, sino de la práctica misma de lo que se puede lograr respecto de la autonomía y la autogestión. Todo luchador social, concluyó Silva, debería leerlo, porque cada quien encontrará algo que le servirá para su lucha.”
En su participación, la periodista Blanche Petrich destacó que la lectura del libro y la revisión del panorama latinoamericano resulta muy esperanzadora, saludable y alentadora, “sobre todo por la forma en que permite a los mexicanos identificar escenarios cercanos”.
Sin embargo, señaló Petrich, que si bien son experiencias aleccionadoras, como el movimiento de resistencia contra el gobierno de Oaxaca, “para mí también resultan dolorosas”.
“Hablar de las experiencias de San Salvador Atenco, cuyos tres de sus dirigentes se encuentran hoy día en cárceles de máxima seguridad, o de la APPO y las barricadas, desde luego resultan aleccionadoras, pero al final de cuentas dolorosas por el resultado, por el alto número de asesinatos contra el pueblo que no se investigan.”
De igual manera, Petrich recordó el caso, “que no me invita al optimismo”, del fraude electoral de 2006. “Han sido aportaciones importantes, experiencias de lucha muy grande, sin embargo, en 2010, transcurridos tres años de las concentraciones históricas en el Zócalo y del megaplantón en Reforma, son para mí signo de desaliento”; sin embargo, aclaró, “digo de desaliento y no derrota. Digo desaliento, porque son movimientos que pese a las enormes dificultades están vivos, ejemplo de ello son los movimientos de resistencia en Oaxaca y Chiapas”.
Los trabajos de Los movimientos sociales del siglo XXI. Diálogos sobre el poder, fueron compilados por Ricardo Martínez, quien adelantó que se está preparando el volumen Los movimientos sociales del siglo XXI. Diálogos sobre la militancia.
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memoria
sábado, 16 de enero de 2010
Recordar para luchar
Recordar para luchar
PorEsto 2010-01-16
Julio Pimentel Ramírez
Cada día es más claro que las administraciones panistas, ilusoria y falsamente presentadas como parte esencial del cambio, mantienen el modelo que toma como botín los recursos nacionales, perfeccionando la corrupción, la simulación y el cinismo, elevando la desproporción discursiva a lo grotesco, al tiempo que es evidente el fracaso desde la perspectiva de la Nación de un presidente usurpador que en su ambición de poder y riqueza, y en su desesperación por adquirir legitimidad, ha sumido en la pobreza a millones de mexicanos y ha ensangrentado la República con su “guerra” contra el narcotráfico así como con la criminalización de los movimientos sociales.
Es en este marco que nos damos una pausa para recordar, en un ejercicio de rescate de la memoria histórica de las relegadas luchas del pueblo mexicano, sobre todo aquellas que el poder pretende no sólo mantener ocultas sino distorsionar su contenido, el ejemplo de entrega incondicional a las causas populares del revolucionario chihuahuense Diego Lucero, detenido por las fuerzas de la represión el 15 de enero de 1972 y ejecutado extrajudicialmente un día después.
En estas fechas referenciales, cabe anotar que este 14 de enero cumplió años el Director General de POR ESTO!, Mario R. Menéndez Rodríguez, cuya línea de vida, de combate y compromiso, es una referencia obligada para quienes deseen comprender gran parte de las luchas sociales del México de los últimos cincuenta años.
Así pues, el 16 de enero de 1972, en la ciudad de Chihuahua, fue ejecutado extrajudicialmente Diego Lucero Martínez, quien había sido detenido un día antes por integrantes de la Policía Judicial estatal y luego interrogado por agentes de la Dirección Federal de Seguridad, que encabezaban el capitán Luis de la Barreda Moreno y Miguel Nazar Haro.
Recordamos que hace 38 años cayeron en combate Avelina y Oscar siendo detenidos, torturados y posteriormente ejecutados extrajudicialmente Ramiro, Gaspar y Diego Lucero Martínez, a quienes sus compañeros rinden homenaje y en cuya memoria reivindican el compromiso de continuar en la lucha por la verdad y por la justicia.
La ejecución extrajudicial de Diego Lucero Martínez, como las de decenas de hombres y mujeres que se comprometieron a transformar la sociedad y enfrentar un sistema antidemocrático y autoritario que controlaba y oprimía las luchas populares, es uno de los delitos de lesa humanidad que permanecen impunes.
En estos tiempos de violencia irrefrenable, es necesario subrayar que se considera como ejecución extrajudicial, a la privación de forma arbitraria de la vida, llevada a cabo sin que la persona haya sido previamente juzgada por los tribunales establecidos y conforme a las leyes o normas, sistemas normativos vigentes y legítimamente reconocidos por la sociedad.
Diego Lucero Martínez, joven y maduro dirigente revolucionario, fue detenido después de un triple asalto bancario realizado en la ciudad de Chihuahua, existen testigos de que se encontraba con vida en manos de las fuerzas policíacas y que enfrentó con valentía los interrogatorios.
En un comunicado que nos hizo llegar la Fundación Diego Lucero, A.C., se destaca y se alerta: “nuestra organización, que tomó su nombre de un compañero revolucionario que es patrimonio del pueblo trabajador en su conjunto, lucha por la Verdad, la Justicia y contra la Impunidad como una forma de contribuir a que el movimiento social enfrente en mejores condiciones la represión que, desgraciadamente, el Estado sigue aplicando en su contra y que en esta etapa de profundización de la crisis económica, política y social que padece México tiende a agudizarse, tal como lo muestran los encarcelamientos injustos, las sentencias aberrantes, las desapariciones forzadas y los asesinatos de luchadores sociales y defensores de derechos humanos”.
La denuncia de la ejecución extrajudicial de Diego Lucero es uno de los casos pendientes, una de las denuncias en las que el Estado mexicano ha denegado justicia, una muestra de que el gobierno de Felipe Calderón ha desplazado a un rincón los derechos humanos y no asume con seriedad las demandas de verdad y justicia de familiares y organizaciones de derechos humanos.
En este lapso que inicia el 2006, el Poder Judicial ha proseguido con sus prácticas alejadas de los estándares más avanzados en materia de derechos humanos. Un ejemplo de esto es el caso del ex presidente Luís Echeverría Álvarez, en el que a pesar de las sólidas pruebas sobre su responsabilidad en los hechos genocidas del 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971, permanece en la impunidad.
Tanto en los casos de detenidos desaparecidos durante la llamada guerra sucia del pasado como los ocurridos recientemente, entre los que se encuentran Francisco Paredes Ruiz, integrante de la Fundación Diego Lucero, y otros más, el aparato de justicia no solamente ha sido inoperante sino que desempeña un papel de encubrimiento de los responsables de este aberrante crimen de lesa humanidad.
El Poder Judicial sigue sin incorporar a su práctica los criterios internacionales más avanzados en materia de derechos humanos, con lo que deja en la indefensión a las víctimas de delitos de lesa humanidad.
Un dato palpable de la inoperancia de la justicia en nuestro país son las resoluciones que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha dictado en contra del Estado mexicano: el caso del campo algodonero de la mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, el del indígena de Yucatán Ricardo Ucán y el de la detención desaparición de Rosendo Radilla (la sentencia de la CIDH merece especial atención por la trascendencia en cuanto a los demás casos de desaparición forzada), desnudan la falta de justicia y de voluntad política para alcanzarla por parte de las autoridades nacionales.
PorEsto 2010-01-16
Julio Pimentel Ramírez
Cada día es más claro que las administraciones panistas, ilusoria y falsamente presentadas como parte esencial del cambio, mantienen el modelo que toma como botín los recursos nacionales, perfeccionando la corrupción, la simulación y el cinismo, elevando la desproporción discursiva a lo grotesco, al tiempo que es evidente el fracaso desde la perspectiva de la Nación de un presidente usurpador que en su ambición de poder y riqueza, y en su desesperación por adquirir legitimidad, ha sumido en la pobreza a millones de mexicanos y ha ensangrentado la República con su “guerra” contra el narcotráfico así como con la criminalización de los movimientos sociales.
Es en este marco que nos damos una pausa para recordar, en un ejercicio de rescate de la memoria histórica de las relegadas luchas del pueblo mexicano, sobre todo aquellas que el poder pretende no sólo mantener ocultas sino distorsionar su contenido, el ejemplo de entrega incondicional a las causas populares del revolucionario chihuahuense Diego Lucero, detenido por las fuerzas de la represión el 15 de enero de 1972 y ejecutado extrajudicialmente un día después.
En estas fechas referenciales, cabe anotar que este 14 de enero cumplió años el Director General de POR ESTO!, Mario R. Menéndez Rodríguez, cuya línea de vida, de combate y compromiso, es una referencia obligada para quienes deseen comprender gran parte de las luchas sociales del México de los últimos cincuenta años.
Así pues, el 16 de enero de 1972, en la ciudad de Chihuahua, fue ejecutado extrajudicialmente Diego Lucero Martínez, quien había sido detenido un día antes por integrantes de la Policía Judicial estatal y luego interrogado por agentes de la Dirección Federal de Seguridad, que encabezaban el capitán Luis de la Barreda Moreno y Miguel Nazar Haro.
Recordamos que hace 38 años cayeron en combate Avelina y Oscar siendo detenidos, torturados y posteriormente ejecutados extrajudicialmente Ramiro, Gaspar y Diego Lucero Martínez, a quienes sus compañeros rinden homenaje y en cuya memoria reivindican el compromiso de continuar en la lucha por la verdad y por la justicia.
La ejecución extrajudicial de Diego Lucero Martínez, como las de decenas de hombres y mujeres que se comprometieron a transformar la sociedad y enfrentar un sistema antidemocrático y autoritario que controlaba y oprimía las luchas populares, es uno de los delitos de lesa humanidad que permanecen impunes.
En estos tiempos de violencia irrefrenable, es necesario subrayar que se considera como ejecución extrajudicial, a la privación de forma arbitraria de la vida, llevada a cabo sin que la persona haya sido previamente juzgada por los tribunales establecidos y conforme a las leyes o normas, sistemas normativos vigentes y legítimamente reconocidos por la sociedad.
Diego Lucero Martínez, joven y maduro dirigente revolucionario, fue detenido después de un triple asalto bancario realizado en la ciudad de Chihuahua, existen testigos de que se encontraba con vida en manos de las fuerzas policíacas y que enfrentó con valentía los interrogatorios.
En un comunicado que nos hizo llegar la Fundación Diego Lucero, A.C., se destaca y se alerta: “nuestra organización, que tomó su nombre de un compañero revolucionario que es patrimonio del pueblo trabajador en su conjunto, lucha por la Verdad, la Justicia y contra la Impunidad como una forma de contribuir a que el movimiento social enfrente en mejores condiciones la represión que, desgraciadamente, el Estado sigue aplicando en su contra y que en esta etapa de profundización de la crisis económica, política y social que padece México tiende a agudizarse, tal como lo muestran los encarcelamientos injustos, las sentencias aberrantes, las desapariciones forzadas y los asesinatos de luchadores sociales y defensores de derechos humanos”.
La denuncia de la ejecución extrajudicial de Diego Lucero es uno de los casos pendientes, una de las denuncias en las que el Estado mexicano ha denegado justicia, una muestra de que el gobierno de Felipe Calderón ha desplazado a un rincón los derechos humanos y no asume con seriedad las demandas de verdad y justicia de familiares y organizaciones de derechos humanos.
En este lapso que inicia el 2006, el Poder Judicial ha proseguido con sus prácticas alejadas de los estándares más avanzados en materia de derechos humanos. Un ejemplo de esto es el caso del ex presidente Luís Echeverría Álvarez, en el que a pesar de las sólidas pruebas sobre su responsabilidad en los hechos genocidas del 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971, permanece en la impunidad.
Tanto en los casos de detenidos desaparecidos durante la llamada guerra sucia del pasado como los ocurridos recientemente, entre los que se encuentran Francisco Paredes Ruiz, integrante de la Fundación Diego Lucero, y otros más, el aparato de justicia no solamente ha sido inoperante sino que desempeña un papel de encubrimiento de los responsables de este aberrante crimen de lesa humanidad.
El Poder Judicial sigue sin incorporar a su práctica los criterios internacionales más avanzados en materia de derechos humanos, con lo que deja en la indefensión a las víctimas de delitos de lesa humanidad.
Un dato palpable de la inoperancia de la justicia en nuestro país son las resoluciones que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha dictado en contra del Estado mexicano: el caso del campo algodonero de la mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, el del indígena de Yucatán Ricardo Ucán y el de la detención desaparición de Rosendo Radilla (la sentencia de la CIDH merece especial atención por la trascendencia en cuanto a los demás casos de desaparición forzada), desnudan la falta de justicia y de voluntad política para alcanzarla por parte de las autoridades nacionales.
Rescatemos nuestra historia
Rescatemos nuestra historia
PorEsto 2010-01-16
Laura Bolaños Cadena
En las frecuentes visitas familiares que hacíamos a Guadalajara, acostumbrábamos acudir a admirar los grandiosos murales de Orozco en el Hospicio Cabañas, en la Escuela Preparatoria y en el Palacio del Ayuntamiento. En los tres paneles de las escaleras de este último está el famoso Hidalgo que porta una antorcha incendiaria. Tras él, los combatientes; a su derecha curas y militares entre víboras, y a la izquierda Marx confundido con efigies de Mussolini y otros vociferantes demagogos con atuendos que los identifican como líderes obreros. Hidalgo destaca con su poderosa presencia, héroe único entre las fuerzas del mal a uno y otro lado.
Pero qué confusión de Orozco, comentó en la primera ocasión mi esposo. Cómo puede condenar a derecha e izquierda por igual y aun meter al mismo costal a Marx y a Mussolini. Es la confusión del pueblo mexicano, le contesté. No encuentra más héroes en su historia y sólo tiene fe en el pasado. No ve presente ni futuro.
La historia oficial no nos ayuda a esclarecer el panorama. Del pasado rescata muy pocas figuras. Pasioncillas y preferencias políticas inducen a injusticias y mentiras. El pasado, además de esclarecerse y explicarse, debe aceptarse con todo lo bueno y todo lo malo. Las figuras históricas no son estatuas de bronce o mármol, sino seres humanos, y hemos de verlas en sus grandezas y sus miserias, y sobre todo, aceptar los hechos en vez de negarlos o deformarlos, y aprovechar las lecciones que todo ello nos ofrece. En primer lugar tenemos que dejar de pelearnos con nuestro pasado remoto, pero como de esto he hablado en otras ocasiones, me referiré a acontecimientos menos lejanos como la Revolución y un poco más acá. Los partidarismos y los intereses políticos oscurecen figuras dignas de ser rescatadas a favor de unas cuantas de las que apenas dos tienen arraigo en el imaginario popular: Villa y Zapata, porque son la reivindicación de los humildes. Pero hombres como el general Felipe Ángeles, segundo de a bordo con Villa y de los pocos, si no el único militar de carrera en la Revolución, con una trayectoria limpia y patriótica. Murió fusilado por los carrancistas, tal vez por eso prefieren que permanezca en el olvido. El general Salvador Alvarado, impulsor de reformas muy importantes en Yucatán, y reconocido por su gran honradez y visión del futuro, merece también ser colocado entre los mexicanos ejemplares que dejan obra en beneficio de la nación.
Hay que conceder que no tenemos muchos en esa etapa, pero sí bastantes más que ameritan ser dados a conocer y a admirar. Y en el pasado reciente contamos con una buena cantidad de héroes olvidados o poco conocidos cuya vida y trayectoria podrían ser fuente de inspiración y orgullo. Entre ellos se cuentan los líderes ferrocarrileros que protagonizaron heroicas luchas contra la opresión y represión oficial. Los más notables son Demetrio Vallejo y Valentín Campa, quienes libraron desigual batalla contra los gobiernos de Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, a favor de una verdadera nacionalización de los ferrocarriles, ya que, a pesar de ser propiedad de la nación, favorecían -y siguieron favoreciendo- en muchos aspectos a los intereses estadunidenses, empezando por las bajísimas tarifas preferenciales que se les otorgaban y el oneroso alquiler de vagones y compra de refacciones que podían fabricarse aquí. Ambos sufrieron persecución y prisión injusta durante once años.
Las luchas de los ferrocarrileros, desde mucho antes, están llenas de episodios heroicos y ejemplares; no se trataba sólo, como en general se cree, de exigir aumentos de sueldo y mejores condiciones de trabajo, sino de favorecer los intereses de México. En esta batalla hubo triunfos como la nacionalización de los ferrocarriles llevada a cabo por Lázaro Cárdenas, que en buena parte obedeció a las luchas de los trabajadores. Por si se ha olvidado, antes de dicha nacionalización, realizada tras varios movimientos de huelga, en el ferrocarril el idioma oficial era el inglés y los trabajadores mexicanos estaban obligados a hablarlo. Todos los funcionarios, todos los mandos desde los más altos, estaban ocupados por estadunidenses, con insultantes diferencias de salarios y nulas posibilidades de ascenso para los mexicanos, a más de hacerles sufrir continuas arbitrariedades y humillaciones. La lista de destacados luchadores, héroes y mártires de este gremio, es extensa. La cita con pormenores el periodista Mario Gil en su libro Los Ferrocarrileros, Editorial Extemporáneos, 1971. Prometo alguna vez dedicarle el merecido espacio. Porque todo esto ha sido lucha por el país, como la de los electricistas y los trabajadores de la industria nuclear.
Pero también hemos tenido grandes maestros que aportaron logros a la educación de los mexicanos, y aunque algunas veces se les menciona, no se les hace conocer ni glorificar como héroes cívicos y constructores del país. Que los medios oficiales no les den el merecido lugar en la historia no debiera ser excusa para que los mexicanos no nos ocupemos de ellos, los tengamos presentes, los glorifiquemos en nuestro trabajo de divulgación, y los investigadores independientes rescaten sus figuras. No son tan pocos los compatriotas ejemplares que pueblan nuestro pasado remoto y cercano. Lejos de falacias y demagogias características del discurso oficial, podemos rescatar de nuestra historia suficientes motivos de orgullo.
PorEsto 2010-01-16
Laura Bolaños Cadena
En las frecuentes visitas familiares que hacíamos a Guadalajara, acostumbrábamos acudir a admirar los grandiosos murales de Orozco en el Hospicio Cabañas, en la Escuela Preparatoria y en el Palacio del Ayuntamiento. En los tres paneles de las escaleras de este último está el famoso Hidalgo que porta una antorcha incendiaria. Tras él, los combatientes; a su derecha curas y militares entre víboras, y a la izquierda Marx confundido con efigies de Mussolini y otros vociferantes demagogos con atuendos que los identifican como líderes obreros. Hidalgo destaca con su poderosa presencia, héroe único entre las fuerzas del mal a uno y otro lado.
Pero qué confusión de Orozco, comentó en la primera ocasión mi esposo. Cómo puede condenar a derecha e izquierda por igual y aun meter al mismo costal a Marx y a Mussolini. Es la confusión del pueblo mexicano, le contesté. No encuentra más héroes en su historia y sólo tiene fe en el pasado. No ve presente ni futuro.
La historia oficial no nos ayuda a esclarecer el panorama. Del pasado rescata muy pocas figuras. Pasioncillas y preferencias políticas inducen a injusticias y mentiras. El pasado, además de esclarecerse y explicarse, debe aceptarse con todo lo bueno y todo lo malo. Las figuras históricas no son estatuas de bronce o mármol, sino seres humanos, y hemos de verlas en sus grandezas y sus miserias, y sobre todo, aceptar los hechos en vez de negarlos o deformarlos, y aprovechar las lecciones que todo ello nos ofrece. En primer lugar tenemos que dejar de pelearnos con nuestro pasado remoto, pero como de esto he hablado en otras ocasiones, me referiré a acontecimientos menos lejanos como la Revolución y un poco más acá. Los partidarismos y los intereses políticos oscurecen figuras dignas de ser rescatadas a favor de unas cuantas de las que apenas dos tienen arraigo en el imaginario popular: Villa y Zapata, porque son la reivindicación de los humildes. Pero hombres como el general Felipe Ángeles, segundo de a bordo con Villa y de los pocos, si no el único militar de carrera en la Revolución, con una trayectoria limpia y patriótica. Murió fusilado por los carrancistas, tal vez por eso prefieren que permanezca en el olvido. El general Salvador Alvarado, impulsor de reformas muy importantes en Yucatán, y reconocido por su gran honradez y visión del futuro, merece también ser colocado entre los mexicanos ejemplares que dejan obra en beneficio de la nación.
Hay que conceder que no tenemos muchos en esa etapa, pero sí bastantes más que ameritan ser dados a conocer y a admirar. Y en el pasado reciente contamos con una buena cantidad de héroes olvidados o poco conocidos cuya vida y trayectoria podrían ser fuente de inspiración y orgullo. Entre ellos se cuentan los líderes ferrocarrileros que protagonizaron heroicas luchas contra la opresión y represión oficial. Los más notables son Demetrio Vallejo y Valentín Campa, quienes libraron desigual batalla contra los gobiernos de Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, a favor de una verdadera nacionalización de los ferrocarriles, ya que, a pesar de ser propiedad de la nación, favorecían -y siguieron favoreciendo- en muchos aspectos a los intereses estadunidenses, empezando por las bajísimas tarifas preferenciales que se les otorgaban y el oneroso alquiler de vagones y compra de refacciones que podían fabricarse aquí. Ambos sufrieron persecución y prisión injusta durante once años.
Las luchas de los ferrocarrileros, desde mucho antes, están llenas de episodios heroicos y ejemplares; no se trataba sólo, como en general se cree, de exigir aumentos de sueldo y mejores condiciones de trabajo, sino de favorecer los intereses de México. En esta batalla hubo triunfos como la nacionalización de los ferrocarriles llevada a cabo por Lázaro Cárdenas, que en buena parte obedeció a las luchas de los trabajadores. Por si se ha olvidado, antes de dicha nacionalización, realizada tras varios movimientos de huelga, en el ferrocarril el idioma oficial era el inglés y los trabajadores mexicanos estaban obligados a hablarlo. Todos los funcionarios, todos los mandos desde los más altos, estaban ocupados por estadunidenses, con insultantes diferencias de salarios y nulas posibilidades de ascenso para los mexicanos, a más de hacerles sufrir continuas arbitrariedades y humillaciones. La lista de destacados luchadores, héroes y mártires de este gremio, es extensa. La cita con pormenores el periodista Mario Gil en su libro Los Ferrocarrileros, Editorial Extemporáneos, 1971. Prometo alguna vez dedicarle el merecido espacio. Porque todo esto ha sido lucha por el país, como la de los electricistas y los trabajadores de la industria nuclear.
Pero también hemos tenido grandes maestros que aportaron logros a la educación de los mexicanos, y aunque algunas veces se les menciona, no se les hace conocer ni glorificar como héroes cívicos y constructores del país. Que los medios oficiales no les den el merecido lugar en la historia no debiera ser excusa para que los mexicanos no nos ocupemos de ellos, los tengamos presentes, los glorifiquemos en nuestro trabajo de divulgación, y los investigadores independientes rescaten sus figuras. No son tan pocos los compatriotas ejemplares que pueblan nuestro pasado remoto y cercano. Lejos de falacias y demagogias características del discurso oficial, podemos rescatar de nuestra historia suficientes motivos de orgullo.
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